El Museo Nacional de Escultura de Valladolid es el primer museo del mundo especializado en escultura y uno de los grandes museos nacionales españoles. Su sede principal, el Colegio de San Gregorio, es una joya del gótico isabelino: su fachada de caliza es literalmente un tapiz de piedra, una explosión ornamental del siglo XV que ya justifica la visita por sí sola.

## El edificio: San Gregorio

El colegio fue fundado en 1488 por Alonso de Burgos, obispo de Palencia y confesor de Isabel la Católica. Su fachada es un manifiesto del poder y la devoción: escudos, granadas, salvajes, rejas, columnas trenzadas. Junto al Colegio, el museo ocupa también el Palacio de Villena y la Casa del Sol (sede de Gondomar).

## La colección: 4.000 piezas

Más de 4.000 obras que van del siglo XV al XX, con el epicentro en la escultura policromada en madera del Renacimiento y el Barroco español:

- Alonso Berruguete — El primer gran maestro. Su Retablo de San Benito el Real (1526–1532) es la obra cumbre de su producción: figuras retorcidas, expresión dramática, influencia directa de Miguel Ángel. Un manierismo carnal y atormentado antes de que existiera la palabra.
- Juan de Juni — El Santo Entierro (1540–1544), grupo escultórico de siete figuras de tamaño natural cargadas de patetismo teatral. La mejor obra del escultor borgoñón afincado en Valladolid.
- Gregorio Fernández — El maestro del realismo extremo. Su Cristo yacente y su Cristo de la Luz tienen ojos de cristal, uñas de asta de toro y heridas que parecen abiertas. Son las imágenes que procesionan en Semana Santa.
- Pedro de Mena — La Magdalena penitente (1664), talla de una mujer en éxtasis contemplativo, de una espiritualidad íntima y concentrada.
- Felipe Bigarny, Pompeo Leoni, Diego de Siloé — presentes también en los fondos.

## La Controversia de Valladolid: el primer debate de derechos humanos

En 1550 y 1551, en las aulas del Colegio de San Gregorio, se celebró la Controversia de Valladolid: el primer debate en la historia de Occidente en que un Imperio en plena expansión se detuvo a preguntarse públicamente sobre la humanidad y los derechos de los pueblos conquistados.

Los contendientes fueron el fraile dominico Bartolomé de las Casas, defensor de los indígenas americanos, y el humanista Juan Ginés de Sepúlveda, que argumentaba, apoyándose en Aristóteles, que los indios eran esclavos por naturaleza. Las Casas sostuvo que los indígenas tenían tanta humanidad como los europeos y, por tanto, los mismos derechos. El debate terminó sin resolución, pero sus consecuencias se reflejaron en las Leyes de Indias y en el pensamiento jurídico posterior. Es considerado el antecedente histórico directo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.