Valladolid también es la cuna de la modernidad. Jorge Guillén, el poeta de la claridad de Cántico, nació aquí en 1893, y su poesía refleja esa precisión y luz geométrica de la meseta.
Por otro lado, Rosa Chacel (1898), una de las figuras más intelectuales de las "Sinsombrero", trajo la vanguardia narrativa. Ambos sufrieron el exilio tras la Guerra Civil, pero su escritura siempre conservó esa austeridad y rigor formal propio de su raíz vallisoletana.
Sus nombres hoy designan calles y bibliotecas, recordando que la ciudad siempre ha sido un semillero de pensamiento crítico.