En los años 80 y principios de los años 90, se habló de una "Escuela de Valladolid". Músicos y bandas con una formación técnica impecable que elevaron el nivel del pop y el rock nacional. De ahí salieron proyectos como La Musgaña o los propios miembros de Celtas Cortos, pero también una red de músicos de sesión y jazz que convirtieron a la ciudad en un punto de referencia para la industria.
Esa herencia de "músico de conservatorio que toca en un grupo de rock" sigue siendo un rasgo distintivo de la escena local: en Valladolid se toca mucho y se toca muy bien.