Valladolid está viviendo una revolución musical. Una nueva generación de artistas como Dulzaro o el dúo Delameseta ha sacado el folclore de los centros de mayores para llevarlo a las pistas de baile. Usando como base la herencia del maestro Joaquín Díaz (referente absoluto de la etnomusicología desde Urueña), estos músicos mezclan panderos cuadrados y ritmos de jota con sintetizadores y electrónica de vanguardia.
Es el "neo-folk" castellano: una forma de decir que la tradición no es algo estático, sino algo que se puede bailar en un festival de música independiente sin perder ni un gramo de raíz.