El Mantecado de Portillo destaca por su cobertura de azúcar blanco (el "baño"), una coraza que permitía a los viajeros llevar el dulce en sus alforjas durante días sin que se secara. Por otro lado, Valladolid conserva la tradición del dulce de convento.
Yemas y pastas se siguen vendiendo a través del "torno" de madera, una barrera física que ha preservado recetas del siglo XVI intactas, basadas en la sencillez de la harina, el azúcar y la yema de huevo.