El clima de Valladolid no es una anécdota, es un molde. El frío cortante del páramo ha creado un carácter huraño al principio pero leal al final. El invierno obliga a la vida de interior y al bar como refugio.
El vallisoletano es "seco": no te regala una sonrisa si no te conoce, pero si te da su palabra, es para siempre. Si parecemos serios es porque el viento del norte no permite muchas bromas en la calle.